La Doncella: Traición, Deseo y Arte del Engaño en el Cine de Park Chan-wook
Corea del Sur, 1930. Una joven carterista llamada Sookee es contratada como doncella personal de Lady Hideko, una aristocrática heredera japonesa que vive recluida en una imponente mansión bajo la tutela de su tío, el señor Kouzuki. Lo que parece un simple trabajo doméstico esconde, en realidad, el engranaje inicial de una estafa perfectamente orquestada: un estafador que se hace pasar por conde ha convencido a Sookee de ganarse la confianza de Hideko para que ella acepte casarse con él, heredar su fortuna y terminar internada en un manicomio. Un plan frío, calculado y despiadado. Hasta que dos mujeres se miran a los ojos y todo cambia.
Un Thriller que se Devora a Sí Mismo
La Doncella (아가씨, Agassi, 2016) es la adaptación que Park Chan-wook realizó de la novela Fingersmith de Sarah Waters, trasladando la historia de la Inglaterra victoriana a la Corea colonial bajo dominio japonés. Esta decisión no es menor: el contexto histórico añade una capa de opresión política y cultural que impregna cada relación de poder dentro del filme. Hablar el idioma del colonizador, reproducir sus rituales, vivir atrapada en su arquitectura y en sus libros prohibidos; la mansión de Hideko funciona como una metáfora de la dominación hecha espacio físico.
El Juego de los Puntos de Vista
La película se estructura en tres partes que cuentan los mismos eventos desde perspectivas distintas. Lo que en la primera parte parece verdad, en la segunda se revela mentira. Park Chan-wook convierte la narrativa misma en un acto de engaño: el espectador es tan víctima de la trama como sus protagonistas.
La Mirada como Acto Político
Una de las grandes virtudes del filme es la forma en que Park Chan-wook maneja la mirada cinematográfica. Lejos de caer en el voyeurismo que caracteriza buena parte del cine erótico tradicional, La Doncella construye su erotismo desde la subjetividad de sus protagonistas femeninas. La cámara no las cosifica: las acompaña. Las escenas de intimidad entre Sookee e Hideko son sensuales precisamente porque nacen del deseo de ellas, no del consumo del espectador masculino.
Esto convierte a la película en una obra radicalmente feminista dentro de su propio género. Mientras los hombres de la historia —el falso conde, el tío Kouzuki— planifican, controlan y creen tener el poder, son en realidad piezas de un tablero que dos mujeres aprenden a dominar juntas. El verdadero golpe maestro no es el de ningún estafador; es el de ellas.
Belleza Formal al Servicio del Abismo
Visualmente, el filme es una obra de orfebrería. La fotografía de Chung Chung-hoon —colaborador habitual de Park— transita con fluidez entre la frialdad arquitectónica de la mansión japonesa y la calidez clandestina de los espacios donde las protagonistas se encuentran a solas. El vestuario, la dirección de arte y la banda sonora de Cho Young-wuk componen un universo estético de una coherencia aplastante.
La Doncella es, en definitiva, una película que se disfruta en múltiples capas: como thriller de engaños, como historia de amor, como crítica al patriarcado y al colonialismo, y como ejercicio de virtuosismo cinematográfico. Park Chan-wook no hace concesiones: exige atención, recompensa la paciencia y deja al espectador con la sensación de haber presenciado algo verdaderamente singular.
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